Inseguridad posesiva

Un relato nos cuenta que un viejecito estaba sentado al lado de un camino a unos kilómetros de un pueblo. Estaba cansado y sin fuerzas. Entonces pasó por allí un joven que caminaba ligero.
-Buen hombre -dijo el viejo_, tengo que ir al pueblo pero no tengo fuerzas, ¿serías tan generoso de cargar conmigo y llevarme allí?
-Con mucho gusto -respondió el joven, viendo que el otro lo necesitaba realmente.
El joven se cargó el anciano a la espalda y éste le sujetó con fuerza. El viejo tenía tanto miedo de caerse y se sentía tan inseguro que, a medida que avanzaban, iba apretando más y más fuerte el cuello del joven. El chico intentaba decirle que aflojara, que se estaba ahogando, pero el viejo, en su desesperación, no le hacía caso. Después de unos minutos el viejo y el joven estaban en el suelo. El viejo había matado por asfixia al joven que había cargado con él.

La inseguridad posesiva puede matar una relación por asfixia. Si intentamos atar o retener al otro, la relación morirá porque la otra persona no tiene su espacio para crecer.

Fuente: La Ecología Emocional, de Jaume Soler y Mercè Conangla.

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